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Grupo de Estudio, Trabajo e Investigación

Textos

Presentamos aquí resúmenes de los textos trabajados en las reuniones.

Cicotti, Cini, de Maria.

 “La producción de la Ciencia en
la Sociedad Capitalista avanzada” , en Rose & Rose (comp.), La econonomía política de la Ciencia, 1976.  Capítulo 2.

La incorporación de la Ciencia. Síntesis

En el presente trabajo, los autores sostienen que, en la actualidad (mediados de la década de 1970) la ciencia bajo el capitalismo (y también en la URSS) tiene la función de  generar el conocimiento y las técnicas destinadas a dos amplias áreas de la existencia social: la  producción y el control socialAmbos aspectos se entrelazan, ya que el uso de la ciencia para el control social, por ejemplo para la Defensa,  conlleva una estimulación productiva a través de contratos de producción de armas u otros implementos.Esta caracterización ya aparece en Marx, aunque en aquella época recién se vislumbraba (básicamente con la química). La tesis de los autores consiste en que, desde el siglo XIX en adelante, el doble papel de la ciencia como fuerza de dirección y de control social se ha convertido en algo dominante y manifiesto y que esta transición está enlazada con un cambio en el modo de producción del conocimiento científico, desde el trabajo esencialmente manual a la producción industrializada. “La ciencia se ha industrializado a su misma y se ha asimilado en la maquinaria del estado”.Sin embargo, pese a que el grueso del presupuesto total (sumado Estado e Industria) de CyT, se dedica a objetivos concretos y, muchas veces, secretos, hay una imagen (apariencia) que presenta a la ciencia académica como la Ciencia. Esta distorsión se presenta como un intento (ideológico) de disimular que el modo de producción predominante es el del conocimiento-como-mercancía.La sociología, filosofía e historia de la ciencia reflejan esta apariencia y se desarrollan en una línea “internalista” que ignora los roles sociales de la ciencia bajo el capitalismo. Este es denominado por los autores “el mito académico liberal de la autonomía de la ciencia”.Por otro lado la política científica expresa la correspondencia entre la naturaleza del estado y sus instituciones y el contenido de la ciencia y la técnica. En este plano opera un “externalismo pragmático” de la élite científica y de los administradores políticos que planifican, asignan recursos, privilegian áreas, etc. [1]Históricamente, el “externalismo pragmático” tiene raíces en el libro de Bernal (The Social Function of Science, 1939). Este fue el primer intento de análisis marxista sobre la ciencia en el siglo XX. La ciencia aparece como parte del  sistema capitalista que la necesita para aumentar sus ganancias (necesita de la innovación permanente) y para mantener el poder del estado, por lo que el estado y las empresas la financian. Pero, para Bernal, la ciencia es esencialmente “positiva” y ocupa un lugar privilegiado en la construcción de una nueva sociedad socialista (continuando la idea de las Luces de la ciencia liberadora) y entra en conflicto con el capitalismo que frustra su capacidad de incrementar el bienestar de la humanidad. Esta postura del “marxismo ortodoxo” es  el denominado “mito de la contradicción inevitable entre ciencia y capitalismo”.  Una lectura “envilecida y unilateral” de Bernal llevó al tecno-economicismo: un endiosamiento de la ciencia como palanca de desarrollo. [2]Así, en el manifiesto programático del Partido Laborista de 1964, se plantea la construcción del socialismo “al calor” de la revolución tecnológica.Frente a este optimismo se destaca la postura de
la Escuela de Frankfurt que declara a la racionalidad científica como inevitablemente opresiva, alejándose del optimismo de los primeros marxistas.Finalmente los autores destacan la línea de la Revolución Cultural china y se plantean si “la ciencia capitalista es un intento inevitable y fatal en el dominio de la naturaleza o si puede ser confrontada como un “tigre de papel” para dar lugar a una genuina ciencia para el pueblo.

Política Científica en la posguerra.              El externalismo pragmático de la posguerra consideraba que no sólo se debía planificar la producción de la ciencia sino que era factible alcanzar cualquier objetivo con la aplicación de recursos suficientes. Esta idea, si bien era demasiado tosca para ser explicitada, funcionó en muchos casos y llevó a grandes despilfarros (y en otros fue exitosa como el plan de EEUU para llevar el hombre a
la Luna). Al enfriarse la economía, se modera el gasto. A la vez, desde fines de los 50’s, se promueven, en el marco del tecno-economicismo,  actividades de “estudios de la ciencia”: los políticos para comprender, controlar y dirigir la producción de conocimiento y la élite científica para estudiar las relaciones entre conocimiento y poder y entre conocimiento y crecimiento económico (por ejemplo, se busca desde desglosar el factor de incidencia de
la CyT en los índices de  crecimiento económico, hasta modos exitosos de planificar y aplicar recursos). Ya en los 70’s (época en que se escribe el presente artículo) los autores perciben un decaimiento de los trabajos (y los fondos) para estos estudios, dada su manifiesta inutilidad. Pero también detectan la desaparición de ciertas estructuras institucionales (como Ministerios de Ciencia) y lo atribuyen a que la racionalidad científica ya ha saturado la vida social de un modo tal que no es necesario colocar a la ciencia en un lugar autónomo, como si la biología o la física pudieran ser algo distinto de una extensión de la agronomía o la medicina por un lado y el desarrollo militar e industrial por el otro.[4] Los autores critican en general a los trabajos del tipo Ciencia y Sociedad, por considerar que yuxtaponen simplemente sistema sociales y científicos en sus análisis.

Ciencia y Tecnología.         La orientación al uso, la tecnología en si,  es lo distintivo de la ciencia moderna. El método experimental sería la prueba de que se persigue comprender y controlar el mundo natural.[5] Sin embargo durante los siglos XIX y XX en la conciencia del científico se construye una imagen de la ciencia por la ciencia misma, asimilable al arte, una imagen pre-moderna. Se produce entonces la dicotomía “pura vs. aplicada” que se asocia a la de trabajo intelectual vs. trabajo manual. Esta dicotomía no existía en los orígenes de la ciencia moderna, pero, en la medida en que la teoría toma vida propia, se distancia de la innovación industrial.[6] Esta  distancia da lugar a toda una corriente de sociología internalista (desde Merton a Kuhn, pasando por Polanyi) que se centra en el estudio de las comunidades científicas (que los autores asocian a la élite científica) presentadas como campos autónomos desconectados del orden social. En su origen, en Merton, es un intento de responder a la línea externalista desplegada por Hesse y seguida por Bernal. Lo paradojal es que, al mismo tiempo, es a partir del fin de la segunda guerra en que mas se hace sentir la planificación estatal: lo que se discute no es si debe planificarse la ciencia sino el cómo.Afirman los autores que “Mientras que a un nivel ideológico la “ciencia pura” está divorciada de la tecnología, en la práctica ya sea del Estado o de las industrias, las dos están bastante más internamente conectadas”.[7] Y citan en su respaldo al conocido “cientólogo” francés J.J.Salomón:“El campo de la investigación pura constituye el caso extremo de la coincidencia entre el interés del poder y los intereses del conocimiento”[8]Esta evolución es muy observable en la ciencia británica: el informe de Lord Haldane en 1918 postulaba la importancia de la ciencia básica para la Defensa y la Industria, pero a la vez, recomendaba dejarla fuera de la presión por resultados, lo que llevó a una relativa autonomía del campo científico. A partir de 1945 el esquema se mantiene pero se va estrechando la “libertad científica” hasta que en 1972 el informe de Lord Rothschild da vuelta la página: no hay autonomía para las actividades de  investigación y desarrollo. Se hace lo que el cliente (estado y/o industrias) requiere y paga. Para los autores esta evolución sigue el ritmo de la inserción plena de la ciencia en la “sociedad administrada” y de la concepción de dominación de la naturaleza primero y de la humanidad después.[9] El proyecto Manhattan es sinónimo de todo esto (ciencia dirigida, apuesta al control social).

La Imagen de la Ciencia.           La alianza de Poder y ciencia se institucionaliza desde la posguerra (ya no sólo en tiempos de guerra). Pero su resultado es el progreso técnico y su imagen es Hiroshima y Nagasaki. Para los autores esta concepción hiere de muerte el objetivo de las Luces. La élite científica ya no puede sostener el carácter esencialmente progresista de la ciencia y entonces, para evitar la asignación de responsabilidad directa a la ciencia´, apela a la idea de que la ciencia es neutral y lo que es positivo o negativo es su uso. Desde otra vereda la Escuela de Frankfurt desarrolla la crítica de la ciencia como inherentemente abocada a dominar a Naturaleza y, por ende, a la humanidad, visión pesimista, cuyo mejor ejemplo es “El hombre unidimensional” de Marcuse. En esta mirada,
la CyT es un modo de racionalidad que participa de la opresión humana. El mecanismo sería la negación de la legitimidad de la oposición crítica mediante el recurso de la racionalidad técnica substituyendo a la racionalidad política (el recurso a “los técnicos” tan remanido). Esta visión pesimista contrasta con la de Marx y sobre todo la de  Engels, que igualaba el progreso de las ciencias naturales con el progreso humano.[10] Los autores señalan que el triunfo de los vietnamitas desmiente también el marcado pesimismo de
la Escuela de Frankfurt que no  creía posible derrotar a la opresión técnica.

La industrialización de la Ciencia.            La ciencia integrada a las necesidades tecnológicas e ideológicas del Estado y de la Industria se pasa a producir en escala industrial, por medio de equipos jerarquizados y con una fuerte división del trabajo entre ellos y al interior de los mismos. En estas fábricas de ciencia se ven a cientos de “obreros” trabajando en cuestiones de detalle, muchas veces atados a una técnica y/o equipo en particular, dentro de proyectos cuya concepción global sólo manejan totalmente los directores de proyecto y los administradores políticos que deciden al financiación de los laboratorios. Esta masa tiende a preocuparse cada vez mas por sus condiciones de trabajo y sus salarios que por el valor público de sus tareas o por participar del  sistema de premios y honores. En la otra vereda, la élite científica mantiene los mitos del autogobierno, de la búsqueda del conocimiento, etc. y de sus actividades y motivaciones dan cuenta los sociólogos del a ciencia. Según los autores en EEUU a inicios de los 70’s había 200/300 miembros de esa élite contra una masa de 2 millones de “trabajadores científicos” que arrastran la carga de la ideología de “Nóbel en el bolsillo” [11]

La ciencia en la URSS y China                    En distintos pasajes los autores analizan el tratamiento de la ciencia en la URSS, en China y los cuestionamientos y alternativas actuales a la opresión tecnológica en los países capitalistas.En la URSS, luego de la revolución, se teoriza explícitamente el rol de la CyT (“soviets + electrificación”). La idea inicial y durante los años  20’s era: jóvenes científicos con espíritu revolucionario que se forman al lado de los “expertos del sistema burgués” con vistas a aportar a la construcción de la nueva sociedad. Estos serían las nuevas camadas de “rojos y expertos”. El resto lo haría el aporte de recursos y facilidades [12]. Los debates entre lo viejo y lo nuevo son abiertos. Con el advenimiento del stalinismo se impone una visión oficial de la ciencia proletaria vs. la ciencia burguesa y el calificativo de rojo y experto es definido desde lo alto de la maraña burocrática. En la URSS post stalinista se abandona la idea de “dos ciencias” y se impone la concepción de una sola ciencia libre de valores que, sin embargo, se desarrolla mas plenamente bajo el socialismo, mientras que, bajo el capitalismo, se frustran las potencialidades de la ciencia frente a la competencia entre privados que genera un despilfarro irracional (por ausencia de planificación)  y no permite la aplicación plena de avances tales como la cibernética. En los hechos los autores evalúan que la ciencia en la URSS se ha puesto al servicio de las necesidades tecnológicas e ideológicas del Estado y de la industria (del mismo modo que bajo el capitalismo).En el caso Chino los autores no ocultan su admiración por la Revolución Cultural, aunque no terminan de realizar un balance claro de su experiencia. Destacan el debate de masas (frente a la definición desde arriba) para calificar de rojo y experto. También valoran una incipiente aplicación de la epistemología marxista de práctica-teoría-práctica representada  tanto por el cuestionamiento a las direcciones que buscaban afirmar su autoridad en sus conocimientos como en las experiencias de científicos aprendiendo de la experiencia de los obreros o ciertas tendencia (en medicina) a integrar los conocimientos tradicionales volcando el desarrollo al medio rural (en contraposición al centro de salud urbano supertecnologizado). En cuanto al debate dentro de la ciencia no hay “ciencia oficial” y se habría respetado el principio de las 100 flores, aunque tamizado de forma de no caer en el liberalismo (pimpollos socialistas y no hierbas burguesas). Deben existir criterios técnicos, pero subordinados a lo político. Mao se pregunta “acaso en nuestra sociedad podría existir alguna actividad científica o artística útil que esté en pugna con los criterios políticos”[13].Finalmente se habría encauzado el desarrollo científico hacia “la satisfacción de las necesidades del pueblo” en especial en la producción.

Crítica actual           En el momento de escribir el trabajo se señala que en los países capitalistas avanzados, el carácter opresivo de la ciencia y la tecnología a raíz de la conjunción “desastrosa” de dominación de la naturaleza y racionalidad burocrática, es percibido por muchos, pero difieren las prescripciones. Entre ellas señalan los análisis del Club de Roma y los de  anarquistas contraculturales (Roszak), descalificándolas a todas por su  imposibilidad de ubicarse en el contexto histórico y por proponer, por lo tanto, salidas frustrantes.Termina con un llamado a desenmascarar y derrotar a la ciencia y la tecnología en su papel en esta sociedad y a abrir camino a una genuina “ciencia para el pueblo”

Cicotti, Cini, de Maria, “La producción de la Ciencia en la Sociedad Capitalista avanzada” , en Rose & Rose (comp.), La econonomía política de la Ciencia, 1976.  Capítulo 3.

Puntos CríticosA mi entender para quienes miramos a la C y a la T . El artículo señala puntos importantes:1 La Ciencia ni neutral ni autónoma 2  El científico como un trabajador 3  La ciencia como producto  mercancía

Resúmen. La relación entre Ciencia y el orden social.

· Integración de C-T en la estructura productiva del capitalismo

· Desde ´60 pesimismos sobre posibilidad de reencauzar las fuerzas productivas hacia “fines humanos”·  Para superar el pesimismo sin un optimismo internalista, los autores proponen investigar vínculos entre ciencia (forma particular de actividad humano-social) y relaciones sociales de producción RSP (que regulan la actividad del trabajo humano)

·Hacerlo tratando de “redescubrir” concepción de naturaleza y ciencia de Marx.

El análisis dialéctico de la Ciencia        

· No E RS entre humanos de un lado y rel entre natur y hum por el otro·         No E correspond unilineal entre des de FP det a las RSP que se adaptan·         No E div entre juicios de hecho (reflejos de objetos) y juicios de valor (actividad subjetiva)

· No E div entre T y Práct,  conocim e ideología

. Reivindica el método científico de reproducción de lo concreto por medio del pensamiento contra el internalismo ( idea que se autoengendra / hegel)

· Aunque reconoce que en la época de Marx la C estaba sólo parcialmente integrada al proceso pdtivo

La naturaleza de la mercancía

· Análisis marxista desentraña carácter fetichista de la mcía (79) cita sobre carácter social que aparece en el intercambio de mercancía.

· Dicen que las propiedad que se atribuye a la mcía pertenece a las relaciones que éstas transmiten (79) o reflejan (vg 87, donde dice que las rs se reflejan en el valor de intercambio de los pdtos)·         Estas rel reflejadas son las de subordinación del L al K

· Esto ocurre tanto con bienes materiales como no-materiales·         Ejemplo
la C-T se convierte en K y se enfrenta al obrero

La información como mercancía

· Para las innovaciones tecnol propone análisis marx de pcción de mcías no materiales. Entendiendo como mcías con doble natur de v de uso y v de cambio en donde aunque de manera más mediatizada el L abstracto toma el carácter de F de L mcía. Con características propias, por ejemplo el consumo no es inmediat sino que entra en el proceso de prcción de otras mcías. 

· Pero hay que reconocer como kistas las rel de pcción existentes.

· Los inventos son mcías ( too la info pertinente para el proc de pcción: know- how, organiz industrial, administr …o pertinente al proceso de consumo: publicidad y mercadeo) porque son pducidos al estilo Kista, es decir son el resultado de labor pductiva ( de valor de cambio)

· Además hay info que too es mcía consumida direct.: en tv, radio, revistas, teléfonos, enseñanza

· Los Lores de estas áreas en época de Marx tenían un salario que era consumo de ingresos, ahora es una Inversión de K.

· Sumisión de proc de L de pducción científica a la valorizac del K, correlatos: div del L, K enfrentado al obrero, enajenación de los pdtos.

·Aunque algunos procesos de pdcción de info no estás absorbidos en la esfera de pcción Kista privada. Que sea el Estado el que la financie no altera la sust de mcía de su pdto

·Algunas difer específicas a tener en cuenta: 1)Dificultades en disciplinar controlar y concentrar pcción. 2)Num de consumidores puede variar, aparentemente multiplicar el pdto consumido,  sin que varie el valor total de intercambio…Pero…de hecho hay un t limitado de multiplicacion de los consum por caducidad…además patentes y bloqueos a copias·         Doble función de la maquinaria: instrum para pcción de Pl y ½ de pcción: las F pductivas son F pductivas del K

La C como F pductiva del K y la natur de la C pura  ·Por ende no hay “neutralidad” de C. Incluso div entre C pura y aplicada es histórica, varía.  · Distinguen en C pura:utilización efectiva en de sus técnicas y métodos de su papel superestructural…pero el consumo de C pura es generalmente productivo.

La función social dela C pura          a)      Campo de prueba de tecnología avanzada antes de su venta         b)      Tecnología avanzada del proceso pductivo       c)      Técnicas de control y administración del proceso pdutivo.Es el cuerpo de “conocimiento científico”. Paradigmas dominantes que proveen fundamento y base desde la que se produce información y representa un estímulo para adelantos tecnológicos. (contra idea autoengendrada) Hay que descubrir en la pcción científica el “reflejo” del modo de pducción material  y sus contrib. A la ideología en 2do lugar. Cita (90) de Marx. Sobre no sólo ir de lo superestruct a los “núcleos terrenales” sino de las RSP a sus formas superestruct.La pcción de Ciencia pura, los grandes laboratorios Desde el ´45 grandes lab ya no pcción artesanal de tecnolo e info(explayan cuestiones antes adelantadas sobre proc de pccion de info)

La ideología de la Ciencia    (99) Analizan relaciones más mediatizadas entre RSP y la forma “ en que la ciencia se arroga el papel de pducto social”

  • La élite científica (cuerpo consultivo) como parte del estrato dominante transmiten valores y conductas dominantes a la corporación científica cambinando posic política y prestigio profesional asegurando el proceso de pdcción de info como mcía (acá en realidad hay unión entre func superestruct y de pcción)
  • Esto la élite no lo hace de manera objetiva y natural sino con un contenido ideológico escalas de valores, modelos de conducta.
  • Idea de pureza es el reflejo de la acum por la acumul y no por necesidades existente.

 

  • Bourdieu, Pierre. (1994). "El campo científico" En: Redes: revista de estudios sociales de la ciencia, v. 1, n. 2, pp. 131-159. 

  • Acerca de “El campo científico” de P. Bourdieu. Síntesis
  • Bourdieu aborda la cuestión de porqué el campo científico, pese a estar cruzado de luchas, antagonismo, intereses cruzados, etc. –como cualquier otro campo- sin embargo produce verdades científicas. Para esto modela (o sea recorta) el funcionamiento y la estructura del campo usando la categoría de capital simbólico asociada al reconocimiento de los pares. Si bien el foco es la dinámica científico-política interna, las conexiones con el marco social externo y con la lucha de clases surgen en la diferenciación que B. hace entre ciencias naturales y sociales. En el caso de las primeras las clases dominantes respetarían su funcionamiento autónomo para la legitimación de lo que es ciencia en cada momento, ya que ese funcionamiento sería funcional a la apropiación del resultado para fines productivos materiales. A las sociales en cambio no les es permitida la autonomía porque sus luchas internas (y el resultado de las mismas que es el análisis considerado científico del mundo social) no pueden separarse de las luchas sociales externas. Requieren por lo tanto de un discurso con el que el establishmente disfraza su “falsa ciencia” revistiéndola de neutralidad por sobre las clases. La respuesta a la cuestión inicial queda definida en el caso de los campos con lato grado de autonomía (ciencias exactas y naturales): dado que los receptores del producto científicos son los pares-competidores, renuentes a reconocer el resultado de los otros, la verdad de los intereses alimenta el interés de la verdad. No queda claro que eso mismo pueda decirse de las ciencias sociales, en que la cientificidad está cuestionada (pero no desde el positivismo sino desde esta mirada sociológica). La explicación del progreso de la ciencia en ambos grupos de disciplinas es atractiva, aunque el modelo aparezca un tanto determinista (por la exclusión de toda otra motivación que no sea la acumulación de capital simbólico). Resumen del texto comentado (en notas al pie)Bourdieu (B.) busca explorar las condiciones sociales e históricas particulares de los mecanismos genéricos que “modelan” un campo de producción simbólica específico como el científico y, en particular, las causas del progreso de la racionalidad científica, progreso cuyas razones son históricas pero que es “irreductible a la historia”.La sociología  de la ciencia postula que  “la verdad del producto” (la verdad científica) reside en determinadas condiciones sociales de producción (referidas a un estado de la estructura y funcionamiento del campo cientifico), marcadas por relaciones de fuerza, lucha, monopolios, intereses contrapuestos, etc. fenómenos propios de todo campo que en el científico asumen formas específicas.El objeto de la lucha dentro del campo científico es el monopolio de la “autoridad científica” (capacidad técnica + poder social). Quién otorga el reconocimiento de esta autoridad? A medida que se desarrolla el campo (que “progresa”, que se hace mas “autónomo”), son los otros científicos y a la vez  competidores. Este punto, que se desarrolla más adelante, es para B  la clave para la comprensión del “progreso científico”.B. insiste en que no hay capacidad técnica separada de poder social:  la percepción social de la capacidad propiamente técnica se modifica de acuerdo a los posicionamientos en las jerarquías institucionales (desde la formación escolar en adelante). Las luchas en el campo tienen dos caras: no son nunca ni puramente intelectuales ni puramente políticas y lo mismo ocurre con el interés por una actividad o las estrategias para satisfacer ese interés. Triunfan los que imponen como definición de la buena ciencia, a la ciencia tal como ellos la hacen y esa “imposición” implica una aceptación por parte de sus pares.Lo importante e interesante, si lo es para los otros, califica como importante e interesante al productor. Pero este mecanismo no es un círculo vicioso sino que redunda en beneficio de la acumulación científica lo que se explica por la condición simultánea de competidores y “reconocedores” de los pares.B. define la “autoridad científica” como “especie particular de capital social” convertible a “otras especies de capital”.Los problemas considerados importantes (que lo son porque productores altamente legitimados así los han constituido[14]) permiten mayores “retornos” de beneficios simbólicos (que incluyen prestigio, reconocimientos, celebridad). La competencia intensa baja las tasas de beneficio material y/o simbólico del capital simbólico invertido y eso hace “mover” a investigadores a temas menos prestigiosos pero donde pueden tener mas chances de obtener reconocimiento dado el capital que poseen ellos (y los demás). Toda “elección” científica es a la vez e indisolublemente una estrategia para la maximización del beneficio propiamente científico. El reconocimiento del valor del producto (medido en “prestigio”; “reputación”; “autoridad”) lo realizan los otros productores–competidores, que son los menos proclives a dar la razón sin discusión ni examen. Sólo ellos tienen los medios para apropiarse de la obra científica y evaluar sus méritos.[15] En el conflicto dentro del campo no hay “jueces” ni posiciones imparciales porque no hay instancias que legitimen las instancias de legitimidad: sólo la fuerza relativa de unos y otros intereses establece los criterios de juicio. No hay juez que no sea juez y parte. Por eso B. critica como funcionalista toda posición que elude el conflicto de  intereses dentro de la “comunidad científica”, reflejando sólo el interés de los dominantes enmascarado en la totalización de “comunidad”.La autoridad científica es el capital específico del campo. Una carrera científica exitosa se convierte en un proceso continuado de acumulación de capital. La posesión de capital científico permite obtener capital suplementario (y esto comienza con el título escolar). Y señala que este capital simbólico es reconvertible en otras especies bajo ciertas condiciones.[16]Cuando B. menciona a los “descubrimientos”, no se refiere a quien los usufructúa materialmente (en forma inmediata o mediata como herramienta productiva, etc) sino al “capital de autoridad obtenido por el descubrimiento”.[17] Luego afirma que acumular capital es hacerse un nombre conocido y reconocido y describe como ejemplo  los mecanismos que operan en la definición del orden de los nombres en la firma de los papers, como prueba del peso del concepto de “visibilidad”, ligado al prestigio y, en definitiva, a la autoridad científica..Generalizando sus conceptos, B. caracteriza a la estructura del campo científico como una estructura específica de distribución del capital científico, a su vez condicionada por las estrategias previas objetivadas (tanto en el sentido de conservación como de subversión) y por las actuales y condicionante de las estrategias futuras[18]. Las “ambiciones científicas” son mayores cuando mayor es el “capital de reconocimiento” y la posesión de un grado mayor o menor de éste  se  remonta a la propia escolaridad (derivada en general de diferencias de origen social) donde una graduación y postgraduación de más prestigio permite mejores carreras, no sólo por el modo en que se juzga a un graduado sino por contactos, posibilidades de acceso a maestros, etc.Entre las estrategias posibles B. menciona “colocaciones seguras” o “arriesgadas” según la expectativa del resultado y también “inversiones masivas y extensivas” (sólo en investigación) o “moderadas e intensivas” en investigación asociadas a inversiones en administración científica. Todas estas estrategias se relacionan con el capital científico poseído en cada momento, ya que esta posesión abre un cierto abanico de estrategias “razonables” para invertir.No hay “trayectorias standard”,afirma B., ya que hablar en general de una “carrera científica típica” en una disciplina cualquiera tiende a borrar las diferencias, que son lo esencial. Incluso es diferente la desinversión por baja de productividad (con la edad) cuando se tiene atrás una “trayectoria alta” (mucho “capital de consagración”) o una “moderada”.[19]En la sección denominada “El orden científico establecido” B. señala la existencia de una distribución desigual del capital específico de reconocimiento científico: hay dominantes y dominados según la proporción del capital científico que detentan. Quien más tiene, está en condiciones mejores de apropiarse del producto del trabajo científico y de eventuales “beneficios externos” como gratificaciones económicas. [20] En las páginas siguientes B. aborda el tema de los cambios o revoluciones científicas a la luz de la estructura descripta.Según la estructura del campo los recién llegados pueden ser orientados a estrategias de sucesión o de subversión[21]. Los “subversivos” hacen una apuesta muy costosa y arriesgada ya que tienen que cambiar las bases del orden establecido y establecer una nueva legitimidad (jugar a otro juego)[22]. En este tramo el eventual triunfo de los “subversivos” es descripto como un  “golpe de mano” a todo o nada y. se parece mucho a las revoluciones (inconmensurabilidad incluida) de Kuhn. Parece referirse a  etapas históricas “iniciales” de campos en los que el orden científico es en gran medida dependiente del orden social en el que está inserto.[23] En estos casos las tendencias “subversivas” del orden social se reflejan en la subversión del orden científico (Marx y Einstein vs Durkheim y Poincaré). En los círculos de intelectuales marginales y revolucionarios se encuentran mayormente los que desafían el orden científico.Sin embargo B. en los campos de estructura más homogénea (que son los de muchos recursos acumulados) los choques entre conservación y subversión se amortiguan: las grandes revoluciones tienden a ser suplantadas por numerosas revoluciones pequeñas y permanentes. Este tema B. lo desarrolla en la sección que sigue, llamada “De
    la Revolución Inaugural a
    la Revolución Permanente”. B. se pregunta: ¿Cuáles son las condiciones sociales que se deben cumplir para que se instaure un juego social en el cual la idea verdadera esté dotada de fuerza porque los que allí participan tienen interés en la verdad en lugar de tener, como en otros juegos, la verdad de sus intereses? Y luego afirma que “El hecho de que el campo científico comporte siempre una parte de arbitrariedad social en la medida en que sirve a los intereses de los que, dentro y/o fuera del campo, están en condiciones de percibir sus beneficios, no excluye que bajo ciertas condiciones, la lógica propia del campo y en particular la lucha entre los dominantes y los recién llegados, y la censura cruzada que de ello resulta, no ejerza un desvío sistemático de fines que hace torcer continuamente la persecución de los interés científicos privados (entendidos siempre en su doble sentido) en beneficio del progreso de la ciencia.”B. discute las teorías sobre el progreso científico más habituales. Por un lado la idea acumulativa del positivismo, y por otro el enfoque de Kuhn. En este último caso señala que las “revoluciones” kuhnianas reflejan los fenómenos iniciales de la ciencia moderna. Era la época de una ciencia que recién reivindicaba su autonomía respecto al campo religioso y en la cual los conflictos científicos estaban inmersos directamente en los sociales.Una vez independizado el campo científico los científicos logran el “derecho” de zanjar cuestiones científicas  ellos mismos.En la actualidad el propio funcionamiento del campo define tanto la ciencia “normal” como permanentes mini revoluciones “ordenadas”. La revolución contra la ciencia instituida se realiza con soporte institucional, ya que “el equipamiento científico que se requiere para hacer la revolución científica sólo puede ser adquirido en y por la ciudad científica”. El verdadero principio de continuidad pasa a ser la ruptura permanente. Esta acumulación de medios y feroz competencia por el reconocimiento se torna clave para la producción de verdades científicas. B. concluye afirmando que:“Y, de hecho, a medida que se incrementan los recursos acumulados y el capital necesario para apropiárselos, el mercado en el cual puede ser ubicado el producto científico no deja de estar restringido a los competidores cada vez más fuertemente armados para criticarlo racionalmente y desacreditar a su autor: el antagonismo que está en el principio de la estructura y del cambio de todo campo, tiende a devenir cada vez más fecundo porque el acuerdo forzado donde se engendra la razón deja cada vez menos lugar a lo impensado de la doxa. El orden colectivo de la ciencia se elabora en y por la anarquía competitiva de las acciones interesadas, cada agente se encuentra dominado – y con él todo el grupo- por el entrecruzamiento en apariencia incoherente de las estrategias individuales. Es decir que la oposición entre los aspectos "funcionales" y los aspectos "disfuncionales" del funcionamiento de un campo científico dotado de una gran autonomía no tiene mucho sentido: las tendencias más "disfuncionales" (por ejemplo la propensión al secreto y el rechazo a la cooperación) están inscriptos en los mismos mecanismos que engendran las disposiciones más "funcionales". A medida que el método científico se inscribe en los mecanismos sociales que regulan el funcionamiento del campo y se encuentra, de este  modo, dotado de la objetividad superior de una ley social inmanente, aquél puede realmente objetivarse en instrumentos capaces de controlar, y a veces dominar, a quienes los utilizan y en las disposiciones constituidas de un modo duradero que produce la institución escolar. Y estas disposiciones encuentran un reforzamiento continuo en los mecanismos sociales que, encontrando un sostén en el materialismo racional de la ciencia objetivada e incorporada, producen control y censura pero también invención y ruptura.”En la sección final “La ciencia y los doxósofos” B. se dedica a explorar la situación de las ciencias sociales en general y de la sociología de la ciencia en particular, criticando su función ideológica y su carácter de “falsa ciencia” en manos del establishment (en particular de los sociólogos norteamericanos) proponiendo los ejes de una “sociología científica de la ciencia”. Comienza con la afirmación de que “la ciencia no tiene nunca otro fundamento más que la creencia colectiva en sus fundamentos, que produce y supone el funcionamiento mismo del campo científico”. Luego discrimina entre las ciencias ya que, a mayor grado de autonomía del campo (en relación a las determinaciones externas, a la demanda social de la clase dominante) es menor el grado de arbitrariedad social de las creencias constitutivas.B. retoma la cuestión del grado de arbitrariedad social de las creencias que producen el funcionamiento del campo, y lo pone en  relación-tensión con esa particularidad del campo científico que es la producción de “verdades científicas”.A partir de este punto B. distingue entre campos capaces de producir y satisfacer un interés propiamente científico y otros campos que sólo producen discursos eruditos que tienen por objeto producir la creencia en el valor autónomo de lo que producen. La clave de la diferencia entre unos y otros, dice B., reside en la dependencia de las demandas externas. En los segundos campean los doxósofos, sabios aparentes, que producen falsa ciencia que no satisface demandas sociales. Claramente parece referirse a “campos que no disponen mas que de una falsa autonomía”, que sólo producen ideología, aunque deban hacerlo aparentando independencia de las clases dominantes.. La “auténtica” autonomía (relativa) es la que las clases dominantes le conceden a las ciencias naturales en base a su interés en las aplicaciones económicas de las técnicas científicas. Las ciencias sociales sólo proveen a las clases dominantes herramientas (simbólicas) de control social.[24]Esto explica el “retraso” de las ciencias sociales y sus dificultades para constituir un campo auto-regulado: la lucha interna por el poder científico es aquí la lucha por imponer –como autoridad científica- la representación legítima del mundo social y esta representación es uno de los objetos de la lucha de clases en el campo político. La ciencia social toma necesariamente partido en la lucha política. Por tanto la lucha entre la ciencia y la falsa ciencia es una contribución directa a la lucha entre clases que no tienen el mismo interés en la verdad científica[25] .En las ciencias sociales el progreso hacia la racionalidad política no va en el sentido de la neutralidad política. Cuáles serían entonces las condiciones sociales que permiten desarrollar esas ciencias libres de construcciones y demandas sociales?La sociología oficial no aspira a realizarse como ciencia sino a realizar una imagen oficial de cientificidad para lo cual usa a la sociología de la ciencia para tomar prestado de ella una interpretación positivista de las prácticas de las ciencias naturales. La califica más delante de “ciencia falsa destinada a producir y mantener la falsa conciencia” utilizando una retórica de cientificidad –profusión de herramental tecnológico incluido- y aparentando una ruptura respecto de las clases dominantes que la colocaroa en una posición de neutralidad en la lucha de clases.Siempre  en el campo de las ciencias sociales B. señala que conservadores y radicales son “adversarios cómplices” que por su mismo antagonismo delimitan el campo de la discusión legítima. El punto de vista “radical” expresa a los dominados dentro del campo que tienden a procesar toda revolución contra el orden científico establecido como revolución científica, convirtiendo cualquier innovación excluida de la ciencia oficial en revolucionaria. Confunden una simple herejía que apunta a cambiar la relación de fuerzas dentro del campo con una revolución científica. En cuanto a los dominantes, naturalmente sostienen que el orden establecido (en el cual están colocadas todas sus inversiones) es el que debe ser, y adhieren a la filosofía del “progreso natural” de la ciencia por la fuerza intrínseca de las ideas verdaderas y a la idea de que los más poderosos sean los más competentes. Esta filosofía de la ciencia, dando el ideal por realizado excluye la cuestión de las condiciones de realización de ese ideal.  B. señala que, para comprender la función ideológica de esta filosofía, basta con “pensar en los estados antiguos de las ciencias naturales o en los estados actuales de las ciencias sociales”[26].Suponiendo que la sociología de la ciencia funciona según la leyes de los campos científicos que establece la sociología científica de la ciencia[27], la sociología de la ciencia no está condenada al relativismo. La sociología científica de la ciencia debe tener claro que las distintas sociologías de la ciencia toman por objeto a sus adversarios y a sus estrategias para descalificarlos, en lugar de analizar el sistema completo de estrategias (el campo de posiciones –la estructura del campo- a partir del cual se generan dichas estrategias).El problema de los sociólogos (de la ciencia) es no poder objetivar sus apuestas y estrategias. Una sociología científica de la ciencia debería  tomar por objeto el juego como tal[28].

[1] El problema está en qué  aspectos cognitivos están condicionados por estos roles sociales. De otro modo se podría pensar en dos mundos paralelos: el cognitivo y el no cognitivo.

[2] Entre nosotros al desarrollismo.

[3] Ya Napoleón había fracasado en lograr la síntesis del añil (frontera recién alcanzada medio siglo después) pese  a la disposición de recursos.

[4] Suena muy reduccionista.

[5] Comprender ya era propio de los griegos. Hoy se discute también si lo característico de la revolución galileana esel método experimental o la matematización.

[6] Es decir que sería el reflejo en la conciencia de un proceso objetivo de complejización y autonomización de las teorías y su distanciamiento del uso.

[7] La imprecisión de esa conexión permite que esté velada.

[8] Se citan los presupuestos en “ciencia pura” de grandes corporaciones. Sigue siendo así? En el libro reciente de Pestre se señala una tendencia inversa luego de los 80’s.

[9] Parece haber cierta imprecisión, ya que la idea de dominio de la naturaleza viene de mucho atrás.

[10] Al respecto ver la polémica entre Marshall Berman y Perry Anderson en “El debate Modernidad/ Posmodernidad” compilación de trabajos de N.Casullo.

[11] Es decir que están atrapados,  en el circuito de premios y honores, que, en consecuencia,  no sólo concierne e interesa  a la “élite”.

[12] Cierta sintonía con el Informe Haldane de la misma época.

[13] O útil se define en términos políticos y es una tautología o se recae en optimismo científico-tecnológico.

[14] Parece una excesiva autonomía en la definición de temas interesantes

[15] Más adelante B. muestra que en ciencias sociales esto no es tan así ya que son campos con menos autonomía ya que la lucha “interna” no puede escindirse de la “externa” al campo.

[16] Esta expresión nunca se aclara luego y no queda claro como conecta con el capital en el sentido estricto.

[17] Se ve que B. está recortando una parcela de la realidad, no desconoce el “exterior” del campo.

[18] Aquí aparece un grado cuestionable de determinismo que elude otras variables de determinación de estrategias como religiosas o éticas, tal como se dijo en la discusión.

[19] Hasta aquí se reafirma la idea de que las referencias de B. al capital no se corresponde con el  concepto en la economía marxista. La “reconversión a otras especies” de capital que se menciona una o dos veces no queda clara, pero es marginal. En cambio a cada paso se habla de capital de consagración, de reconocimiento, ligado a la autoridad científica (que no necesariamente es  poder institucional) y siempre es algo que, en los campos con gran autonomía (que –por ahora no se aclaró- parecen más bien las ciencias naturales) lo otorgan los pares-competidores. Por lo tanto los conceptos de capital, inversión, reforma, etc. Hay que evaluarlos a esa luz.

[20] En este tramo vemos que: 1) todos los miembros del campo tienen algún capital (o sea no hay poseedores y desposeídos); 2) la apropiación del producto sólo puede entenderse como apropiación del reconocimiento (el trabajo de un becario  o un post doctorado por ejemplo); 3) las gratificaciones económicas aparecen como “beneficios externos” al campo, reforzando la idea de “capital simbólico”.

[21] Parece, muy determinista.

[22] Por qué la estructura los empujaría a esto?

[23] En un artículo de “
La Tensión Esencial”, Kuhn refleja esta idea de que  las ciencias maduras tiene una complejidad tal que parece cerradas externos y forman un campo autónomo en el que el destino de los trabajos son los pares. Sin embargo Kuhn no reconoce el carácter ideolögico de las ciencias sociales y las clasificaría en nuevas, escamoteando los intereses de clase que refleja su falsa autonomía.

[24] Sólo ¿?

[25] Al contrario de las naturales en que las verdades son utilizadas

[26] No me queda claro este “basta pensar en” y se me desdibuja un poco si realmente está hablando de todas las ciencias, sólo las sociales o sólo la sociología de la ciencia

[27] Es decir la de este trabajo

[28] Mientras no lo haga se entiende la “condena al relativismo” para la sociología de la cienica

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